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EPor eso, una de las grandes condiciones que debe exigírsele hoy a un buen empresario es que sepa interpretar como los datos de la realidad se proyectan hacia el futuro.
Uno de esos datos es el ahorro, factor esencial para la financiación del proceso de inversión. Si bien con el modelo iniciado en 1989 se logró la reinserción de la Argentina en los mercados internacionales, los empresarios ya deberíamos estar trabajando sobre un nuevo escenario en el que el ahorro doméstico, a través de instrumentos como los fondos de pensión se canalice hacia la inversión productiva.
En Chile, por ejemplo, la inversión está fuertemente financiada por recursos domésticos. Las empresas chilenas han salido a invertir en la región, posicionándose, por ejemplo, en el sector eléctrico, como bien sabemos los argentinos.
¿Por qué no pensar que la Argentina pueda salir también a invertir en otros países, capitalizando, por ejemplo, la experiencia que nos ha dado tener un mercado petrolero y gasífero totalmente desregulado?
La desregulación permitió que en los últimos cinco años la producción y las reservas petroleras del país se incrementaran en un 50%.
Las empresas petroleras argentinas están saliendo exitosamente a la región, aprovechando su experiencia y las oportunidades que ya se están brindando en países como Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Guatemala.
De acuerdo con datos de la Fundación Invertir, en los últimos dos años en la Argentina las inversiones directas alcanzaron los 18 mil millones de dólares. Otras fuentes estimaron recientemente que desde 1993 hasta la fecha, sólo en la industria manufacturera, hubo 400 fusiones y adquisiciones por un monto estimado de 7.000 mil millones de dólares.
El secretario de industria expresó en estos días que para 1997 los proyectos de inversión directa en el país suman 20 mil millones de dólares.
Estos datos reflejan el atractivo que tiene la argentina para los inversores locales y extranjeros, por su estabilidad, la previsibilidad de sus políticas y la desregulación de sus mercados, a lo que sumaríamos también la calidad de sus recursos humanos. En el marco de este proceso no ha estado ausente la expansión de los recursos naturales. Los indicadores de sectores como la agricultura y la minería, incluidos los negocios de petróleo y gas, presentan crecimientos sorprendentes en los últimos años y perspectivas muy favorables para los próximos.
La irrupción del MERCOSUR es otro poderoso impulsor de las inversiones y la competitividad del país. El acuerdo regional representa una enorme oportunidad que se está manifestando en las cifras de las exportaciones, especialmente las destinadas a Brasil, y en la masiva llegada de empresas extranjeras.
El intercambio comercial de Argentina se ha casi triplicado desde 1990, con la particularidad de que sus exportaciones de origen industrial -claro síntoma de modernización- aumentaron un 82%.
Todo esto es posible gracias al marco político-institucional, pero también a que el empresario argentino ha sabido aprovechar las oportunidades que otorga la globalización, capitalizando el hecho de estar en contacto con el mundo y con la economía real.
El empresario supo buscar capitales, financiamiento, socios, tecnologías, know how, canales de distribución...
El gran desafío de hoy es contribuir a crear un aparato productivo cada día más eficiente, que posibilite el surgimiento de empresas cuyas ventajas competitivas les permitan luchar por una participación en los mercados mundiales.
Actualmente sólo un uno por ciento de las empresas líderes mundiales provienen de países emergentes, pero estos participan con un 12,5% del portafolio mundial de inversiones, el equivalente a unos 12 billones de dólares.
El grupo empresario que presido, Sociedad Comercial del Plata, ha tomado muy en cuenta esa situación y por ese motivo adoptó la estrategia de establecer sociedades y alianzas con empresas líderes mundiales para competir en el lugar del mundo donde se presente la oportunidad.
El desarrollo armónico de la economía y una pauta equitativa de distribución de la riqueza requiere que el flujo de inversiones modernizantes alcance también a la empresa pequeña y mediana.
Las empresas grandes tenemos aquí una responsabilidad especial, que es a la vez una oportunidad de consolidar una economía de producción que en definitiva beneficiará a la sociedad toda. Me refiero a la responsabilidad de contribuir a crear una cultura económica competitiva también en las empresas medianas y pequeñas. Debemos ayudar a que las raíces de una cultura productiva y de gestión empresaria moderna nutran a todo el aparato productivo del país.
El sistema productivo al que me refiero debe, además, tender a dar plena ocupación en el mediano plazo, aunque también nuestro problema ocupacional, en gran medida, responde a la capacitación de los recursos humanos, en la cual, como decía al principio, los empresarios tenemos una gran responsabilidad. El acceso al mercado de trabajo depende cada vez más de la posesión de aptitudes y capacidades que, desgraciadamente, no poseen todos los habitantes de nuestro país ni todos los jóvenes. Precisamente esta casa, la UADE, es el resultado del esfuerzo conjunto del empresariado y el Estado, que le dio un marco para su funcionamiento. Miles de egresados de estos claustros hoy son valiosos recursos humanos de la economía real, para lo cual fueron capacitados con programas que los ligan con el mercado laboral.
Dentro del concepto de planificación de nuestras empresas debemos estimular el desarrollo de estos centros de estudio, y también de los que se encuentran en la órbita estatal, para que las posibilidades del conocimiento y de su aplicación en la vida profesional -uno de los pilares del éxito personal- estén al alcance de todos.
El empresario debe sentirse parte activa de la comunidad en la que actúa, debe integrarse a su liderazgo. Las empresas, de manera directa o a través de fundaciones, mantienen una larga tradición de aporte a la comunidad. Que ya no es una actividad opcional, a veces marginal, sino una verdadera exigencia de la comunidad misma. Cada vez más la empresa valorada no será la empresa eficiente, sino la empresa “humana y eficiente”.
No quisiera terminar estas palabras sin dejar de recordar que mi padre, con cuyo sitial me honra la Academia Argentina de Ciencias de la Empresa, fue un hombre que amó mucho a la Argentina.
El nació en la Argentina y cuando tenía 10 años, en 1918, sus padres regresaron a Suiza, donde continuó los estudios hasta recibirse de Doctor en Ciencias Económicas con una tesis sobre el trigo argentino.
Atraído por los recuerdos y convencido de que había aquí un destino de grandeza, a los 24 años regresó a la Argentina. Se casó. Formó una familia y trabajó en una argentina que, contrariamente a su sueño, fue frustrándose cada día más, hasta llegar a un estado de descomposición en el que la oscuridad y la muerte se adueñaron de todo. El fue una de las tantas víctimas inocentes de tanta locura. Yo lamento que no pueda estar hoy entre nosotros, viendo como sus sueños de una Argentina que prospera y merece ser vivida. comienzan a cumplirse.
Asimismo lamento la ausencia de mi hermano Francisco, quien también hubiera sido merecedor de ocupar este sitial en honor a nuestro padre.
Ocupando hoy esta silla invoco la memoria de ambos. con el compromiso de continuar trabajando como empresario por el progreso y la prosperidad de la Argentina.
Muchas gracias.
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