Sin embargo el problema reside en que, generalmente, hoy son los actores “no-empresariales” (organizaciones no gubernamentales) los que pretenden debatir qué es lo que la empresa debería hacer o no en tal aspecto.
En todo caso, es evidente que nos hallamos frente a un nuevo y trascendente campo de acción empresarial que se inscribe en el amplio escenario de la dimensión social de la globalización.
4) CONCLUSIONES
Estamos convencidos que un fenómeno de las características que identifican al proceso de globalización puede contribuir decididamente al progreso de la comunidad internacional y en particular de los países en desarrollo –incluido muy especialmente el nuestro-.
Para que ello ocurra y haya una globalización para todos, tal como afirmara el Secretario General de las Naciones Unidas -Kofi Annan- y nosotros suscribimos, hay que asegurar el acceso al cambio tecnológico, producto de la revolución de las comunicaciones el robustecimiento y la eficiencia de las administraciones nacionales y locales, reglas de juego justas y transparentes, la generalización de la posibilidad de acceso a la educación para expandir la sociedad del conocimiento, teniendo en cuenta no sólo los cambios en si mismos sino también –y muy prioritariamente- la velocidad de estas mutaciones.
Esto no se agota en hechos políticos o económicos aisladamente, sino que exige repensar la globalización en función de valores y principios éticos que nutran el accionar de individuos, empresas y Estado, único marco en el cual la gobernabilidad –en cualquiera de las dimensiones anotadas- será posible. Todos somos responsables.
En diferentes niveles. Con distintos roles y naturaleza. Pero -sin lugar a dudas- formando parte de dicho proceso. Por ello quiero concluir esta exposición, adhiriendo a la apelación hecha por el entonces Presidente Clinton, de los Estados Unidos de América, en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza en el año 2000, al dirigirse a los líderes empresariales mundiales con las siguientes palabras: “Mi deseo más importante es que la comunidad empresarial mundial pueda adoptar una visión común para los próximos 10 a 20 años en relación a cómo desearía que se viera el mundo, para luego proceder a tratar de lograrlo...colectivamente. Uds. pueden cambiar el mundo”. Hago mío -también- este voto. Somos emprendedores.
Podemos hacerlo y estamos a tiempo.
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