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La recesión provoca lógicamente un desequilibrio fiscal y aparece así un déficit que debe ser financiado con mayor endeudamiento, al cual no puede recurrirse indefinidamente. La solución de fondo reside en la disminución del gasto del gobierno, lo que obliga a reducir el personal, aumentando la desocupación. Aquí es ya casi un slogan: "hay que bajar el gasto". Es cierto, pero el gasto -que esta vez se ubica en los 43.000 millones- el 62% de ese gasto es el llamado gasto social: jubilaciones, obras sociales, educación, salud, etc.. Del resto, hay 5.800 millones de dólares que corresponde a intereses de la deuda externa, entonces lo que queda para operar es menos del 30%.
Si bajamos el gasto tocando solamente el sector del 30%, no es mucho lo que se va a conseguir -sobre todo teniendo en cuenta las demandas insatisfechas que existen en la propia administración pública- y si queremos bajar verdaderamente el déficit tenemos que tocar las jubilaciones, los servicios sociales, etc., de manera tal que mantener el sistema en esas condiciones no es una tarea sencilla.
La moneda sobrevaluada implica un verdadero subsidio a los bienes importados. Hoy en día, en muchos casos es mejor importar que producir en el país y esto depende de la sobrevaluación monetaria. Entendamos que no estoy predicando una devaluación a la usanza antigua para corregir estos fenómenos. De ninguna manera estoy diciendo eso porque eso traería trastornos de otra clase, pero simplemente se puede constatar que la industria argentina está totalmente desprotegida por el tipo de cambio, no por otras razones.
Salir de este esquema, de este chaleco de fuerza, plantea algunos interrogantes. Por ejemplo, ¿es posible que en caso de que se modifique la ley de convertibilidad se produzca una corrida hacia el dólar y qué se puede hacer para evitarlo?
Segundo: ¿cómo se hace para atender los compromisos contraídos en divisas, tanto por agentes del sector público como los privados?, ¿debe intervenir el Banco Central o, más aún, el gobierno?, ¿en qué consistiría dicha intervención?
Tercero: como un aspecto especial de la situación señalada en el punto anterior, ¿qué ocurrirá con los depósitos de los particulares que salieron de los colchones y de las cajas de seguridad para ser invertidos en los bancos?
La base monetaria está en el orden de los 20.000 millones, pero hay otros 20.000 millones de dólares que es dinero de ahorristas argentinos que salieron del colchón y fueron allí. Si a algunos de esos ahorristas se les ocurre decir "devuélvanme mis dólares que quiero volver al colchón", imagínense ustedes la situación que se produce. La garantía que tiene el peso argentino en este momento cubre solamente la base monetaria, pero no cubre los otros 20.000 millones de los ahorristas que han puesto su dinero en esa forma.
¿Como corregir el desfase cambiario?, ¿qué acción de las autoridades monetarias se requiere?, ¿hacerlo por el juego de las autoridades monetarias o por el libre juego del mercado? ¿Qué ocurrirá con las tarifas de los servicios públicos en aquellos casos en que estén ligadas al dólar?, ¿Cómo influirán las decisiones que se tomen sobre la amortización de las deudas contraídas a raíz de las privatizaciones? El sector público está fuertemente endeudado, y la mayor parte de esa deuda está pactada en divisas, ¿de dónde saldrán los pesos necesarios para obtener las divisas a la nueva paridad?
Una situación similar existe en el sector privado, que también está fuertemente endeudado en divisas. A partir de la sanción de la ley de convertibilidad el público ha ido adquiriendo una mayor confianza en el mantenimiento de la estabilidad monetaria, ¿cuál será su reacción en lo inmediato y a más largo plazo con una alteración de esta estabilidad?, ¿qué pasará con las inversiones y consecuentemente con la actividad económica y la desocupación?
Si se considera que la paridad actual lleva a un cierto tipo de inflación reprimida, ¿en qué consiste esta inflación reprimida y cuáles son los mecanismos que impiden el alza de precios?
De esta manera vemos cuáles son los pro y los contra de una modificación de la ley de convertibilidad. Al hablar de modificar la ley de convertibilidad, yo no estoy pensando -como señalé antes- de ninguna manera en una devaluación por vía de autoridad. Sería tan arbitrario decir "un peso es igual a un dólar" como decir "dos pesos es igual a un dólar". El tipo de modificaciones que de alguna manera debemos estudiar es mantener la ley de convertibilidad en todo lo que tiene de positivo y decir simplemente que la paridad cambiaría la establece el mercado. Si se mantuviera la disciplina monetaria y la disciplina del Banco Central y la disciplina presupuestaria, no habría corrida hacia el dólar; podría mantenerse la paridad actual pero real, porque es el mercado que la determina.
Actualmente decimos que un peso vale un dólar. No lo sabemos; depende del mercado. Se dirá "bueno, pero el mercado funciona; podemos comprar y vender dólares libremente". Sí, pero hay mecanismos que llevan a acumulación de divisas en el Banco Central contra las cuales se emite moneda y no se contempla la posibilidad que ocurra en un momento dado que alguien pida el retorno.
Con esto repito algo que dije: no estamos en presencia de una catástrofe a ocho días de plazo, ni a ocho meses, pero tenemos que mirar el mediano y largo plazo, y esto hay que tratarlo ahora en frío y no en medio del desorden.
Es muy difícil tratarlo en frío; lo más fácil es decir "dejemos las cosas como están", como me dijeron a mí hace tres años "por favor no toque este tema". Sin embargo, algunas personas tenemos la obligación de ver estas cosas y de decirlas y -repito- las estoy diciendo yo ahora porque el debate está instalado y no soy yo ciertamente el que lo ha instalado.
La ley de convertibilidad, entonces, se ubica entre las medidas instrumentales y pasa a ser la principal de esas medidas que afecta todo el proceso de transformación lanzado por el Presidente Menem. Ese proceso de transformación ha tenido ya resultados notables; por lo pronto nos sacó del abismo de la hiperinflación y nos llevó a una situación de reconstrucción rápida del país. Hoy el país está súper abastecido: treinta y tres shopping centers y supermercados, seis empresas nuevas de automotores, empresas de cerveza, empresas lácteas, el desarrollo forestal, los vinos. Se está produciendo un movimiento que se debe a la economía de mercado, a la economía libre y a la estabilidad monetaria, no a medidas instrumentales. Entre las medidas instrumentales las hay buenas y malas y entre las que tienen un interrogante fuerte, está la más grave de ellas que es la ley de convertibilidad.
Se trata ahora de salir de la meseta y salir de la crisis. En el gráfico ustedes tienen tres flechas: una que va hacia arriba retornando el ritmo ascendente, la otra que nos mantiene en la meseta -si podemos- y la tercera, que nos caemos otra vez. Y ¿hacia dónde nos caemos?, porque no hay respuesta para lo que viene después si este modelo no funciona.
Esto deberíamos verlo con claridad y sobre todo deberían verlo los empresarios que son en definitiva los constructores del país. Lamentablemente le prestan más atención al tema concreto del día y no tanto a las proyecciones a mediano y largo plazo. Después, cuando llegan las cosas desagradables, ya están alcanzadas por éstas.
En síntesis: la ley de convertibilidad plantea un dilema realmente difícil de resolver. Es difícil hasta opinar sobre él; es muy difícil tomar una decisión en esta materia porque nadie tiene la seguridad de lo que va a ocurrir en estos casos. Se pueden analizar las distintas cosas como muy brevemente he hecho aquí, pero es muy difícil tomar una decisión. Es una cuestión de coraje, es una cuestión de experiencia, una cuestión, tal vez, de revisar bien la historia y ahí tomar una decisión. Tomada la decisión hay que aplicar todas las medidas necesarias para que eso se cumpla.
Yo creo que ha sido una suerte que pudiéramos discutir este tema en un ambiente como el de la Academia Argentina de Ciencias de la Empresa. Tal vez es uno de los buenos ambientes en los cuales se puede discutir y si mi idea de discutir esto a los niveles que se debe discutir se adelanta, yo mismo tomaría contacto otra vez con la Academia para ver si podemos utilizar la Academia en cierta medida para abrir este debate y mantenerlo dentro de la seriedad con que hay que tomarlo. No se puede lanzar esto al ruedo y permitir que se transforme en devaluadores o no devaluadores, de River o Boca.
No, este es un problema muy serio que requiere, por otra parte, el conocimiento necesario para poderlo encarar. Habría muchas cosas más para decir sobre este tema, pero creo que la tolerancia de ustedes ya ha llegado al límite y por otra parte no podemos absorber de golpe algo que está muy estudiado en la historia económica de décadas. Cité el ejemplo de Inglaterra en el año'25, que con todo el peso político de Churchill, los llevó por un mal camino. No fue él, porque en realidad él prestó el apoyo político, pero el consejo estuvo mal dado.
En Estados Unidos, cuando se produce la recesión del año '29 que se transforma después en una gran depresión, una de las mayores catástrofes que se han producido en la humanidad, aparece también el problema del tipo de cambio. El oro se cotizaba a 20 dólares la onza y cuando llega Roosvelt intenta -a través del New Deal- traer las cosas hacia abajo para llegar al nivel de 20, hasta que al final tiene que abandonar la tendencia y pone el oro a 35 dólares la onza. Tampoco eso aguantó; en el año '67/68 -estando yo justamente en Estados Unidos como Embajador- se abandona la paridad de 35 y se pasa a la paridad de 42, y finalmente se abandona el compromiso de Estados Unidos de reembolsar dólares con oro a un tipo de cambio fijo y lo tienen que hacer en un mercado libre y el oro se va a 800 dólares la onza y luego baja a su nivel actual de 380/390. De manera tal que los precedentes históricos indican que solamente en circunstancias muy especiales, que tal vez se dan más en los países totalitarios que en los países democráticos, estos sistemas rígidos terminan por fracasar. Insisto, no estoy predicando el fracaso de la ley de convertibilidad, estoy diciendo cómo se podría hacer para que no fracase, que es justamente lo que le conviene al país.
Como dije antes, no estoy en condiciones de dar hoy mi propia opinión. Yo mismo estoy reflexionando mucho sobre este tema, estoy estudiando todo lo más posible y además no quiero influir sobre otros. Quiero, más vale, que me hagan llegar las opiniones. Si tenemos oportunidad, volveremos a hablar sobre este tema pero por lo menos hoy lo dejamos planteado en términos que espero hayan sido comprensibles, a pesar de la forma esquemática en que han sido expuestos.
Muchas gracias por su atención.
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